La Hija de La Llorona - Capítulo 9: Despedida

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Este es el último capítulo. 

Resumen: Caridad, una cubana casada con un taoseño, tiene problemas para adaptarse a su nuevo entorno. Para acabar de fastidiar las cosas, un espíritu familiar se le aparece inesperadamente. Después de una discusión con su suegra, Caridad accede a poner un retrato de su madre en el altar, pero sigue sin comprender las ceremonias por el Día de los Muertos. Mientras Rita le da los últimos toques al altar, Michael y Caridad discuten sus planes futuros y la llegada de Margarita, una amiga puertoriqueña. Margarita y Caridad hablan sobre la necesidad de que las mujeres tengan su propio dinero e independencia. En un capítulo anterior, que es una retrospectiva, Angélica, todavía viva, discute con su madre. Rita concluye que todas las jóvenes son iguales y irrespetuosas. En el Capítulo 6, Angélica y Caridad tienen una pelea. Angélica amenaza con quitarle al bebé y dárselo a La Llorona. Caridad se niega. Michael, que no puede ver a su hermana muerta, comienza a sospechar que algo malo le pasa a su mujer. Angélica aparece otra vez ante su familia poco antes de la medianoche y trata de establecer contacto con ellos, pero Caridad es la única que la puede ver. Michael se siente atacado por la conversación sobre su hermana y se dispone a marcharse.

En el Capítulo 8, Angélica revela cómo murió y por qué su madre se culpa por ello. Caridad reconoce que es médium y habla de su propia madre, que murió en Cuba después de su partida.

Faltaban cinco minutos para la medianoche. Angélica se levantó y se encaminó hacia el altar.

—¿Adónde vas? —le preguntó Caridad.

—A donde pertenezco —contestó Angélica, con aire resignado—. Sólo puedo volver un día al año. El resto del tiempo…

Se interrumpió.

—El resto del tiempo, ¿qué? —insistió Caridad—. ¿Dónde tú vives?

—Bueno, yo no vivo precisamente —replicó Angélica—. Pero tengo que estar en otro lugar.

—¿Y ese otro lugar es…?

Angélica movió la cabeza.

—No seas tan preguntona, cubana —dijo—. Son cosas de las que no me corresponde hablar. Estoy en el Otro Lado, si te sirve de algo saber tanto. No nos dejan estar yendo y viniendo.

—Ah, lo siento. Ya me estaba acostumbrando a tenerte por aquí.

—Yo también me acostumbro a estar de vuelta, pero es como si viniéramos con visa temporal, ¿comprendes?

Caridad se llevó las manos a la cabeza:

—¿Quieres decir que por el Otro Lado también hay burocracia? —preguntó.

—No tanto como entre los vivos, pero igual se ponen un poco impertinentes— Angélica se echó a reír—. No hay atajo sin trabajo.

—Uff. Eso no me hace gracia.

—Yo vendré pronto a hacerte una visita —prometió Angélica—. También se lo diré a tu madre, para que venga a verte. ¿Cómo se llama?

—Julia Pérez —contestó Caridad—. Te lo agradezco. Aunque habría sido mejor si la idea hubiera salido de ella.

—Estoy segura de que te extraña, pero es posible que no sepa dónde estás —replicó Angélica—. Imagínate tú, ¿a quién se le va a ocurrir buscar a una cubana en Taos, entre todos los lugares que hay?

—Eso es verdad —admitió Caridad—.Bueno, para el año que viene le voy a preparar frijoles negros, arroz blanco y picadillo a mi madre. Ah, y plátanos maduros fritos. ¡Tremendo banquete para que no se queje!

—No te asustes si, mientras tanto, te tropiezas a La Llorona —le advirtió Angélica tras una breve pausa—. Esa viene con frecuencia y merodea por el Río Grande. Como tú puedes ver a todos los fantasmas del pueblo, puede que te la encuentres. Nomás que no le tengas miedo. Es inofensiva.

Rita, que había permanecido perdida en sus pensamientos, dijo de repente:

—Sí, mijita, por el Río Grande. Allí fue. No la ahogué con mis propias manos, pero la dejé que se ahogara. Me porté igual que La Llorona.

—¿Y qué Llorona es esa que ustedes mencionan tanto? —preguntó Caridad—. ¿Cuál es el problema con ella?

—Era una buena madre —dijo Rita con firmeza—. Tenía un niño y una niña. Y un marido borracho, como el mío, que le pegaba a cada rato. Cuando no aguantó más, se escapó de la casa con sus hijos. Era de noche y hacía tanto frío…

—Mientras ella juntaba leña para hacer una hoguera, los niños se pusieron a jugar cerca del río —continuó Angélica.

—Los chicos se cayeron al agua —dijo Rita, con la mirada perdida en la distancia—. El niñito se hundió enseguida, pero la niña se agarró a una rama y gritó pidiéndole ayuda. Su madre la oyó. Pensó en salvarla, pero luego se dijo: “¿Y qué si acaba como yo, casada con un viejo maldito? Mejor le va a ir volviéndose una angelita.” Y la niña se ahogó también.

Caridad miró a Angélica, que asintió con la cabeza. Luego preguntó:

—¿Y qué pasó con la madre?

—Se volvió loca —replicó Rita—. Unos meses después se murió, pero regresó en espíritu. Desde entonces no ha dejado de llorar. Yo la he oído muchas veces.

—Y yo igual —dijo Caridad—. Pero creía que eran alucinaciones. O que me estaba volviendo loca yo también.

—La Llorona busca a sus hijos para que la perdonen —suspiró Rita—. Por eso yo me le encomiendo cada Día de los Muertos. Y rezo porque mi Angélica, que en paz descanse, me encuentre y me perdone a mí también.

Angélica, que ahora se hallaba junto al altar, se volvió hacia su madre y le dijo con impaciencia:

—Mamá, ya le he repetido mil veces que no le guardo rencor. Todos los años trato de explicárselo, pero usted no me oye.

Hizo una pausa y concluyó, encogiéndose de hombros:

—Como siempre.

Rita siguió en lo suyo:

—Quisiera que me dijera si pensaba que yo fui mala madre…

—Los difuntos no venimos a decirles cosas desagradables a los que dejamos atrás —replicó Angélica—. Venimos para estar en familia otra vez.

Tomó un pan dulce de la bandeja y dijo con una mueca pícara:

—Y venimos también a comer, claro. Mamá hace los mejores panes dulces de todo Taos. Me llevo uno para el camino.

—Nos vemos el próximo 2 de noviembre, entonces —le dijo Caridad—. Aquí te espero.

Angélica hizo un gesto de despedida y comenzó a fundirse con su retrato hasta que se volvieron una sola imagen.

Rita empezó a recoger los retratos y el papel picado. Caridad abrazó a su suegra y le dijo:

—Espere, Rita. Yo la voy a ayudar.

Las dos comenzaron a apagar las velas del altar.

Se puede leer todos los capítulos – en inglés y español –  por taosnews.com.

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