Muerte por Smartphone – Capítulo cinco: Se ahoga un teléfono

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Resumen: Marlene Martínez, una ex detective cubana que ahora vive en Miami, toma un crucero por el Caribe en compañía de su sobrina Sarita. Con ellas viaja Carloalberto, un aspirante a actor que se comporta de forma sospechosa, su esposa Emma y Helen, una guionista que trabaja con Carloalberto en un concurso de televisión. En el segundo capítulo, Marlene descubre a Carloalberto besando Helen en el balcón de su cabina mientras Emma se encuentra en el casino.

Un día después, mientras visitan a una shamana durante una excursión a Belice, la mujer, que dice leer el futuro, le pronostica a Marlene que pronto seguirá un rastro de sangre otra vez. Más adelante, Carloalberto y Helen son eliminados del concurso. Sarita le dice a su tía que, según chismes online, éste tiene deudas de juego y hay ciertos tipos malos detrás de él.

Se acercaban a la Costa Maya. El North Star tocaría puerto poco antes de la medianoche. A las cinco de la tarde, en la cubierta quince, pasajeros bronceados y medio borrachos bailaban a los acordes de una banda caribeña que tocaba "La Bamba." Otros bebían mojitos o chapoteaban en las piscinas.

La brisa era suave y cálida y el sol brillaba entre las nubes. El cielo, azul profundo, se extendía en un círculo perfecto sobre la nave.

--¡Hora de tomar selfies! --anunció Sarita, colocándose frente a su celular.

Otros pasajeros habían tenido la misma idea. Carloalberto, en compañía de "sus mujeres," como Marlene las llamaba en privado, tomaba fotos de él y sus acompañantes junto al bar que servía mojitos. Emma lucía, como de costumbre, aburrida e indiferente. Helen parecía haberse recuperado muy bien de la "tragedia" de haber sido eliminada del concurso, riéndose y posando junto a sus amigos.

Sin embargo, Carloalberto se notaba un poco nervioso y a Marlene no le fue difícil averiguar por qué: a unos metros de ellos se hallaba el tipo rubio que lo había amenazado en aquel preciso lugar el primer día del viaje. Seguía con la vista al aspirante a actor, que tenía una sonrisa de circunstancias dibujada en la cara.

A Marlene le parecía divertido vigilar al vigilante. Se preguntó si habría algo de verdad en las historias sobre las deudas de juego de Carloalberto y "los malos" que estaban detrás de él. Ahora que caía en ello, aquél pasaba infinidad de tiempo en el casino. Pero igual ocurría con otros pasajeros cuando no había nada más constructivo que hacer a bordo.

Un chillido cortó sus reflexiones. Su sobrina había tropezado en el piso mojado y había perdido el equilibrio tratando de sostenerse a sí misma y al teléfono al mismo tiempo.

--Déjame sacarte la foto --dijo Marlene, fastidiada--. Vas a terminar rompiéndote la cabeza con estas boberías.

--Sería peor si se me rompiera el teléfono --respondió la chica.

Ahora le tocaba a Helen el turno de tomar fotos de su grupo. Los tres juntaron las cabezas. Marlene estaba ocupada con las fotos de su sobrina y no pudo ver lo que sucedía, pero escuchó, como todos los demás en la cubierta, el grito espantado de Helen:

--¡Mi teléfono!

En medio de la sesión de selfies con sus amigos, el teléfono se le había escapado de la mano y caído al mar.

Una pequeña multitud se congregó alrededor de la guionista que, visiblemente mortificada, señalaba a las aguas que se habían tragado a su adorado aparatico.

--¿Ves lo que sucede cuando te pasas la vida tomando fotos? --Marlene le dijo a su sobrina a modo de advertencia.

Sus palabras cayeron en oídos sordos. Sarita recuperó su teléfono y comenzó a sacar fotos de Helen, Carloalberto y el grupo de plañideras que los rodeaba. Emma había desaparecido y el fulano rubio tampoco andaba por allí.

--Lo siento por la pobre Helen --dijo Sarita--. Este viaje no está resultando muy divertido para ella. Primero perdió el concurso. Ahora perdió el teléfono. Nada peor que la vida sin Smartphone. Debería haberse hecho una limpia con esa curandera de Belice.

--Tal vez encuentre una mañana en Costa Maya --respondió Marlene.

Una vez que el alboroto se apaciguó, Marlene convenció a su sobrina para que la acompañara a la biblioteca, el único lugar en el barco que la chica todavía no había visitado. Sarita hojeó un par de libros, pero no le llamaron la atención.

--Este lugar es más aburrido que ver llover --dijo.

Había comenzado una rifa en una de las boutiques y Sarita quería asistir. La rifa era una venta disfrazada de todos los artículos caros que habían languidecido en los estantes desde el inicio del viaje. Cada vez que se organizaba algo a bordo, Marlene había notado, era con la intención de separar a los pasajeros de su plata.

De gratis, mis polainas, a pesar de todos los anuncios de la compañía de cruceros.

De repente, Sarita, que había estado revisando sus mensajes de texto, exclamó: --¡Esto es fabufástico, tía! Mira para acá.

Le mostró a Marlene un mensaje con enlaces a una historia en el Miami Herald.

--Pese a haber sido eliminado de The Terrific Two, el joven actor cubano es considerado para el protagónico de una nueva película --leyó Sarita, sus palabras ahogadas por la emoción--. Lo han apodado el nuevo William Levy y su agente dice que están en conversaciones con varios productores sobre futuros papeles.

--Pero ¿qué va a pasar con Helen? --preguntó Marlene--. No parece que le estén ofreciendo nada a ella.

Sarita suspiró.

--Tienes razón --dijo--. En el programa comentan que los guionistas tienen más dificultades que los actores para encontrar trabajo. Parece que la pobre no tiene suerte. Pero a nosotras no nos falta, así que vamos a comprar boletos para la rifa. Y no se te olvide que tenemos la Fiesta Brillante y Peligrosa esta noche. ¡No nos la podemos perder!

La chica corrió hacia los ascensores.

--¡Espérate! --gritó Marlene, zapateando tras ella--. ¿De qué clase de fiesta estás hablando ahí?

La versión de este articulo en inglés esta aqui.

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