Muerte por Smartphone – Captítulo Cuatro: Una tragedia

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Recapítulo: Marlene Martínez, una ex detective cubana que ahora vive en Miami, toma un crucero por el Caribe en compañía de su sobrina Sarita. Con ellas viaja Carloalberto, un aspirante a actor que se comporta de forma sospechosa, su esposa Emma y Helen, una guionista que trabaja con Carloalberto en un concurso de televisión. En el segundo capítulo, Marlene descubre a Carloalberto besando Helen en el balcón de su cabina mientras Emma se encuentra en el casino. Un día después, mientras visitan a una shamana durante una excursión a Belice, la mujer, que dice leer el futuro, le pronostica a Marlene que pronto seguirá un rastro de sangre otra vez.

Marlene esperaba a su sobrina en la cubierta de paseos, su lugar favorito en todo el barco, porque le permitía contemplar el mar y disfrutar del aire fresco lejos de la multitud chillona que se congregaba alrededor de las piscinas y los Jacuzzis de la cubierta 15. A veces se fumaba un cigarrillo, sintiéndose satisfecha porque nadie lo sospechaba y avergonzada por no haber conseguido dejar de fumar.

Habían salido de Belice el día anterior y no había mucho que hacer a bordo. El casino y todas las boutiques se encontraban abiertas día y noche, pero Marlene no era jugadora ni compradora compulsiva. Hasta Sarita estaba ansiosa ya que no captaban más que retransmisiones en la tele del camarote.

Marlene había estado pensando en la profecía de la shamana, aunque no la había tomado muy en serio. ¿Volvería a ejercer como detective otra vez? Lo dudaba. Su inglés no era bueno y no creía que la policía de Miami la contratase pronto. Tampoco quería hacer ese tipo de trabajo de nuevo.

Ella se había ido de La Habana para comenzar una nueva vida en Miami. Por eso había abierto La Bakería Cubana, una dulcería popular entre la nueva ola de cubanos que añoraban los mazarreales (pasteles de guayaba diferentes a los tradicionales de hojaldre) las croquetas y las yuquitas fritas. El viaje había sido una fuente de inspiración. Estar lejos del horno le había dado a Marlene el tiempo que necesitaba para inventarse nuevas recetas. Tenía en mente un pastel relleno con chocolate a estilo maya y espolvoreado con ralladuras de coco.

Sus ensueños de chocolate se interrumpieron cuando Sarita apareció sollozando y la abrazó diciéndole:

--¡Ay, tía! ¡Qué tragedia!

--¿Qué pasó? --preguntó Marlene, todavía nerviosa por la siniestra referencia de la shamana a aquel rastro de sangre.

--¡Carloalberto! --gimoteó la chica--. Lo han eliminado.

Marlene sintió un escalofrío.

--¿Qué quieres decir con "eliminado"?

--Del concurso. Él y Helen eran finalistas y todos esperaban que ganaran, pero en el programa de hoy los jueces les dieron una patada. Se hicieron los finos y dijeron que él tenía tremendo futuro en la industria del cine, pero de todas formas…

Marlene dejó escapar un suspiro de alivio.

--¿Y esto es lo que tú llamas una tragedia, niña? --preguntó.

--¡Para mí lo es! Para todas sus fans. Me imagino que él y Helen deben estar tristísimos. ¿Luciría mal ofrecerles mis condolencias?

--Muy mal --dijo Marlene con firmeza--. ¿Cómo sabes tú todo eso? Pensé que no podíamos ver la tele en tiempo real aquí.

Sarita agitó en el aire su teléfono inteligente, que era de color rosa.

--¡Alabao, tía! ¡Este es el siglo veintiuno! Mis amigas están siguiendo el programa y me mantienen informada con mensajes de texto. También está en todo Facebook.

¡Ah, las redes sociales! Marlene se encogió de hombros. Las redes habían reemplazado a las interacciones personales y ahora mangoneaban las vidas de la gente. Algún día, pensó, también mangonearían sus muertes. La gente moriría frente a sus teléfonos inteligentes, exhalando su último aliento ante la pantalla.

--Según un chisme que circula online, Carloalberto tiene deudas de juego y hay unos tipos malos detrás de él --agregó Sarita con expresión preocupada--. ¿Crees que sea verdad?

Marlene recordó al hombre de la camisa hawaiana y sus amenazas no demasiado veladas a Carloalberto. Pero no iba a contárselo a Sarita.

--Todos tenemos nuestras debilidades --dijo con aire filosófico.

--Como tus cigarrillos, ¿eh? --Sarita hizo una mueca burlona. Marlene se sonrojó--. ¿Pensabas que no me había dado cuenta? Ah, mira, ¡aquí están!

Carloalberto y Emma caminaban también por la cubierta de paseos. Él llevaba a su mujer abrazada. Se veían felices y enamorados. Marlene sacudió la cabeza. Ah, los hombres.

--Bueno, no parecen muy disgustados --le susurró a Sarita--. Y dime, ¿cómo pueden eliminarlo de un concurso cuando ni siquiera está allí?

--Porque la decisión se basa en segmentos de películas que se han mandado por anticipado --explicó Sarita--. Carloalberto y Helen filmaron varias escenas de la película que esperan producir. Todas las semanas se muestra un segmento diferente de cada equipo y uno de ellos resulta eliminado. ¡Qué pena que les tocara a ellos esta vez!

Marlene no volvió a ocuparse del asunto hasta mucho más tarde en la noche. Mientras Sarita se embobaba ante una liquidación de joyería en la cubierta seis, ella regresó al camarote en busca de otro cigarrillo. La puerta estaba abierta. Había una aspiradora en el corredor, junto a una bolsa grande de basura. Estaban ordenando la habitación, lo que normalmente no tomaba más de diez minutos, pero la falta de seguridad la hizo sentirse preocupada. Alguien podía entrar y robarse las pertenencias de otros pasajeros. Especialmente si había "tipos malos" dando vueltas por el lugar.

Salió y se encontró cara a cara con Helen, cuyo camarote se hallaba al parecer en el mismo pasillo. La guionista tenía el rostro bañado en lágrimas.

"Esta es la única que parece tristísima," pensó Marlene. "Tal vez ese concurso le interesaba más que a Carloalberto. Tal vez el hecho de que los eliminaran es de verdad una tragedia para ella."

La versión de este historia en inglés esta aqui.

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