Muerte por Smartphone – Capítulo seis: La Fiesta Brillante y Peligrosa

Posted

Recapítulo: Marlene Martínez, una ex detective cubana que ahora vive en Miami, toma un crucero por el Caribe en compañía de su sobrina Sarita. Con ellas viaja Carloalberto, un aspirante a actor que se comporta de forma sospechosa, su esposa Emma y Helen, una guionista que trabaja con Carloalberto en un concurso de televisión. En el segundo capítulo, Marlene descubre a Carloalberto besando Helen en el balcón de su cabina mientras Emma se encuentra en el casino. Un día después, mientras visitan a una shamana durante una excursión a Belice, la mujer, que dice leer el futuro, le pronostica a Marlene que pronto seguirá un rastro de sangre otra vez. Más adelante, Carloalberto y Helen son eliminados del concurso. Sarita le dice a su tía que, según chismes online, éste tiene deudas de juego y hay ciertos tipos malos detrás de él. Mientras el barco se acerca a la Costa Maya, el smartphone de Helen se cae al agua durante una sesión de selfies con Emma y Carloalberto. Unas horas más tarde, Sarita descubre que Carloalberto está siendo considerado para el papel protagónico de una nueva película.

La fiesta comenzó a las ocho y media. El Islandic Bar rebosaba de bocadillos gratis y poco apetitosos, cócteles demasiado caros y una banda inarmónica. La parte deslumbrante se encontraba representada por luces que vibraban, una bola a estilo de discoteca y profusión de lentejuelas en las cortinas rojas. En cuanto al elemento peligroso, quizás se refería al humo artificial, que desorientaba a unos cuantos. O al hecho de que, a las diez de la noche, la mayoría de los asistentes estaban tan borrachos que no podían andar dos pasos sin tropezar con sus compañeros de viaje.

Sarita había decidido ponerse un vestido rojo ajustado, tacones altos y demasiado maquillaje. A Marlene no le hacía gracia el atuendo, pero la chica le aseguró que su propia madre le había comprado el vestido.

--¿Podrías, por favor, dejar de actuar como una solterona remilgada? --se quejó Sarita--. ¡Antes eras más divertida!

--Sí, y antes tú te comportabas --le contestó Marlene.

--¡Yo me estoy comportando!

--Como babosa.

Pero aquella noche le traería a Sarita una desilusión. Cuando llegó a la fiesta, emocionada de entrar por primera vez a un bar "de verdad," Carloalberto no estaba allí. Una hora más tarde todavía no había aparecido. La chica se escabulló al casino y lo encontró hipnotizado frente a una máquina tragamonedas.

--Creo que es verdad eso de que es adicto al juego --le dijo a Marlene--. ¿Será muy difícil curarlo?

--Mijita, ¿yo qué sé? En Cuba no había máquinas tragamonedas.

--Me gustaría ayudarlo.

--Buena estás tú para ayudar a nadie.

Helen y Emma sí fueron a la fiesta, pero no se quedaron mucho tiempo. La guionista se plantificó en una silla como alhelí marchito mientras Emma bailaba con el rubio. Marlene oyó que lo llamaba "Fernando" en tono familiar. Pero sus interacciones parecían más formales que románticas. Hablaban en voz baja y apenas se movían por el salón.

Muy curioso, pensó Marlene.

A las diez y media, Helen y Emma se habían ido. Marlene hubiera querido hacer lo mismo, pero no se atrevía a dejar sola a su sobrina. La chica seguía hablando de Carloalberto y cuánto lo extrañaba. Marlene estaba preocupada, sin saber si Sarita nomás sufría de un enamoramiento normal de adolescente o si aquello era algo más serio. ¿Qué era normal para los adolescentes en estos tiempos? Marlene se alegraba de no tener que preocupase por uno propio, pero era responsable de Sarita, al menos durante el crucero. Y Sarita se había obsesionado con Carloalberto.

Pocas horas antes, la chica había encontrado su nombre en la lista de pasajeros de una excursión para nadar con delfines la mañana siguiente en Cozumel. Sarita exigió que fueran ellas también, aunque Marlene había hecho planes para visitar las ruinas de Tulum.

--¿Por qué tenemos que ver dos ruinas, tía? --había rezongado Sarita--. Vamos a ir a Chichén Itzá el viernes y todos esos sitios son lo mismo. No hay lugar para orinar en ninguno y son bien aburridos. ¡Ya estoy harta de tanto cuento maya!

Marlene también estaba harta de las malacrianzas de su sobrina, pero consideró que aquel viaje era su regalo de quinceañera, de modo que cedió y reservó la excursión.

--¡Gracias, tía! --Sarita la abrazó--. Es súper importante para mí ir. ¡Imagínate, meterme junto a Carloalberto dentro de una piscina!

--¡Alabao! Con dos docenas de gente más.

--¿Y qué? --Sarita se encogió de hombros. --Al menos Emma no va a ir. No vi su nombre en la lista de pasajeros. Sólo Helen, que no está en nada. Yo no puedo competir con una modelo, pero sin ella dando vueltas por ahí, pienso que tengo chance.

--¿Chance para qué? --preguntó Marlene.

--Ah, tú sabes.

No, ella no sabía. Ese era el problema. Marlene sacudió la cabeza. No tenía idea de qué esperar. Sarita siempre había sido una adolescente tranquila e introvertida que no les daba ningún tipo de problema a sus padres. ¿Había elegido este crucero para empezar a fastidiar? Por suerte Carloalberto no daba señales de haber siquiera reparado en ella. Tenía demasiado entre manos, y Marlene se rio para sí. Esperaba que se mantuviera ocupado con "sus mujeres" hasta que regresaran a Miami.

Cuando la banda comenzó a tocar "Macarena" por tercera vez esa noche, Marlene decidió que ya había tenido suficiente. Aquella música estridente le daba dolor de cabeza. Sarita estaba conversando con dos chicas de su edad, de modo que se dirigió a la zona de fumadores y encendió un cigarrillo.

Otra mujer de mediana edad estaba allí también. Intercambiaron sonrisas culpables y se dedicaron a lo que iban. Marlene estaba terminando su primer cigarrillo cuando el ruido de un chapoteo fuerte la hizo dar un brinco.

--¿Qué fue eso? --preguntó la mujer--. Espero que alguien no haya perdido otro teléfono en el mar.

--No, sonó como algo mucho más pesado --respondió Marlene, con los ojos clavados en las olas oscuras que se estrellaban contra el barco.

Sonó, se dijo para sus adentros, como un cuerpo arrojado por la borda.

Se apresuró a regresar al Icelandic Bar y a buscar a Sarita, pero no vio a la chica por ninguna parte. Marlene bajó al casino y corrió hacia las máquinas tragamonedas. Carloalberto ya no estaba allí.

La versión de este articulo en inglés esta aqui.

Comments